Temporalizar también es enseñar
La temporalización se rellena la última tarde de agosto y no se vuelve a mirar. Y sin embargo, cuándo y en qué orden se colocan los aprendizajes cambia lo que el alumnado retiene. El calendario puede ser mucho más que un trámite.
La LOMLOE organiza la enseñanza en situaciones de aprendizaje que deben estar bien contextualizadas (aprendizaje situado: Lave y Wenger, 1991).
Repartir un contenido en el tiempo —práctica distribuida— es de las técnicas más eficaces para la retención (Cepeda, 2006; Dunlosky, 2013).
La secuenciación no tiene que seguir un orden cronológico fijo: se adecúa a las intenciones didácticas.
Ver las situaciones distribuidas por trimestres, no como una lista, es una decisión didáctica, no logística.
Conectar la programación con la agenda hace que el calendario guíe la práctica real del aula.
La situación de aprendizaje es aprender en contexto; su eficacia depende de que esté bien anclada en la realidad del alumnado, en la línea del aprendizaje situado de Lave y Wenger (1991). Pero además del contexto importa el tiempo: el meta-análisis de Cepeda et al. (2006) y la revisión de Dunlosky et al. (2013) sitúan la práctica distribuida entre las estrategias de mayor eficacia para la retención.
La graduación de estos saberes, su programación y su secuenciación no deben seguir necesariamente un orden cronológico determinado, sino que han de adecuarse a las intenciones didácticas y formativas.Decreto 209/2022, Región de Murcia
En AppsDocentes trato el calendario escolar como un lienzo didáctico: permite ubicar cada situación de aprendizaje en su tramo del curso y visualizar el reparto por trimestres. La temporalización deja de ser un requisito administrativo y se convierte en una herramienta para decidir cuándo se aprende mejor.